Sábado Santo

20 abril 2019

A Alberto.

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Jueves Santo

18 abril 2019

A Leo, Nico y Yoli.

Miércoles Santo

17 abril 2019

A Carlos, Carmen y Lourdes.

Martes Santo

16 abril 2019

A Hugo.

Lunes Santo

15 abril 2019

A Juanse, Manolo, Nuria, Nuri, Paula y Pepe.

Domingo de Ramos

14 abril 2019

A Marina, Nacho y Pilar

Viernes de Dolores

12 abril 2019

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Ruta-vida-y-obra-de-Pedro-de-Mena-2

Granada, Agosto de 1628, Pedro de Mena y Medrano veía por primera vez el mundo en la casa taller de su padre, el prestigioso artista Alonso de Mena, de quien aprendió el oficio de escultura. Aunque sería más tarde cuando, gracias a la amistad granjeada con el gran Alonso Cano, perfeccionaría su técnica y recibiría a los treinta años la oportunidad del Cabildo Catedralicio de Málaga de concluir el coro de su catedral.

Este trabajo sería decisivo en su carrera. Considerado por los expertos como una de las obras cumbre del barroco español, en él supo sintetizar mejor que nadie la ideología contrarreformista de Trento, cambiando la historia del arte y su propio destino. A partir de ahora, Pedro de Mena será para Málaga tan revulsivo como la ciudad para él, lo cual se demuestra en su obra, firmada como Granatensis malacae (granadino en Málaga), y en la influencia que esta ejerce aún hoy día en los artistas de la ciudad. Por ello la convierte en su residencia definitiva a pesar del ofrecimiento de otros núcleos artísticos tan importantes como Toledo.

Y es que aquí, gracias a sus dotes empresariales, establecerá, además de su taller, otros negocios como el comercio de la seda, cera, o la compraventa de viviendas y esclavos. Además, sabrá ganarse la confianza de los clientes más selectos que le acercarán a la corte y le permitirá ascender en la escala social llegando a ser nombrado Teniente Alcaide de Gibralfaro y Familiar de la Santa Inquisición.

Con esta ruta, viajarás en el tiempo y, además de los entresijos de la Málaga barroca, conocerás la vida y la obra de un escultor clave a través de tres hitos conservados en la ciudad: su casa taller, el coro catedralicio y su sepulcro que, por deseo propio, se encuentra en la iglesia de la Abadía Cisterciense de Santa Ana, donde tres de sus hijas profesaron. El broche final lo pondremos visitando la excelente exposición monográfica sobre el artista realizada por el Palacio Episcopal, donde se exponen joyas tan importantes como su Magdalena Penitente.

  • Próxima fecha: Sábado 6 abril [Grupo completo] y sábado 27 abril – 11:00 am
  • Reserva tus plazas en el 692.717.612 o en info@cultopia.es indicando tu nombre, el número de plazas que necesitas, y un teléfono de contacto
  • Precio: 12€/persona, entrada a la exposición “Pedro de Mena, granatensis malacae” incluida. Menores de 12 años 4€. Pago en el punto de encuentro antes de comenzar
  • Punto de encuentro: Museo Revello de Toro junto a la escultura de Pedro de Mena
  • Duración: Tres horas y media

Aunque es de noche

24 junio 2018

Voy a construir una noche. Si, has leído bien. Como no soy arquitecto, he tenido que buscarlo. Juan de la Cruz lo llaman en Fontíveros, su pueblo, donde nació tal día como hoy en 1542. Ganó fama mundial por sus diseños nocturnos. Junto a él, contraté a uno de sus colaboradores principales, el maestro de obras Enrique Morente, un granadino de 1942 con bastante experiencia en la reinterpretación de planos y la dirección de obras. En esta ocasión vino acompañado de dos becarios. Rosalía, de San Esteve de Sesrovires, que más que a aprender vino a aportar la frescura de su edad (apenas 25 años) y Raül Refree, reserva barcelonesa de 1976; un modesto experimentado siempre dispuesto a crecer. Y con este equipo en capilla, solo nos faltaba la acción de los peones, ayuda esencial para alzar los elementos principales de esta factura popular.

La Oscuridad

Los cimientos de la noche. Realizada por Juan de la Cruz con vocales y consonantes de primerísima calidad. La intervención de Morente, le ha otorgado una volumetría muy novedosa sin que pierda por ello los trazos de la arquitectura tradicional. Esto, unido a las frescas ideas de Rosalía y Refree, ha dado lugar a una bóveda profunda y atemporal dificilmente imitable.

La Soledad

Intrínseca en las noches de nuestro arquitecto, actúa como puente que apunta a la fuente y arco que alivia el peso del deseo abisal. La contemplación de sus humildes líneas nos distrae de la banalidad expuesta en gran parte de la arquitectura actual y que tanto nos aleja de nosotros mismos. Su factura se la debemos al antequerano Antonio del Castillo que la levantó en 1692. Con su experiencia, ha sabido dotarla de sencillez, elegancia y humildad, simbolizando la delgada línea que separa la vida y la muerte. Para ello se guió de modelos renacentistas como el de Gaspar Becerra de 1565.

La Soledad 2013

La Fuente

Punto de fuga y centro de la Nocturnal. Se ha dispuesto estratégicamente para que sus aguas, aunque escondidas, reflejen la claridad de la Luna y las estrellas por toda la obra, cumpliendo así con la normativa de eficiencia energética y produciendo un efecto por el que “parece que cielos y tierra beben della”. Además, se ha rodeado de un jardín estival compuesto por plantas aromáticas como el romero, el jazmín o la dama de noche, que contrasta con el minimalismo de la Noche. “Su origen no lo sé pues no lo tiene, más sé que todo origen de ella viene”. Solo podría apuntar que se encuentra próximo a las enseñanzas de Pedro de Mena, cuyo taller se encuentra en la Málaga del S.XVII.

La Fuente 2012

La Luna

Experto en Historia del Arte, Juan Antonio Sánchez López me recomendó a un artesano de Cieza para su elaboración ¡Y vaya acierto! Pedro Asensio de la Cerda es su nombre, nacido en 1707. Su Luna, realizada en madera de pino, plata, nácar y marfil se integra perfectamente al conjunto. Sin perder su carácter, consigue que todo parezca obra de un mismo autor.  Aunque “sé que toda luz de ella es venida”, se ha orientado estrategicamente al este para atraer a la aurora y de esta forma iluminar al Puente de la Soledad, vía directa, como vimos, a la Fuente de la Esperanza.

La Luna 2016

Las Estrellas I

Su elevado número y su función, en parte ornamental, ha hecho necesaria la mano de obra de varios trabajadores que las han realizado en varias fases. Esta primera es el resultado de la colaboración en 1968 de Morente y Niño Ricardo (Sevilla, 1907). La influencia del segundo les ha hecho guiarse ortodoxamente por la arquitectura popular andaluza, utilizando para ello las técnicas y herramientas más tradicionales. El resultado ha sido óptimo. A las notas peteneras enlucidas con cal se les han colocado pequeños quinqués de aceite que hacen pulular la luz prendida en sus mechas. Un trabajo al que podríamos designar, más que arquitectónico, artesanal, y al que han decidido apodar Estrellas de Fuego.

Las Estrellas II

En esta segunda fase, todo el tiempo y esfuerzo se empleó en un solo lucero. Dicho esmero se debe a otro peón antequerano. Miguel Márquez García es su nombre, nacido en 1767. Por tanto, su obra cabalga entre los últimos años del S.XVIII y principio del XIX. Realizada en madera policromada, cinco lagrimitas recogen la luz de sus hermanas, “así su claridad nunca es oscurecida”, haciendo de esta chiquita la más brillante.

Las Estrellas 2018

Las Estrellas III

La tercera y última fase fue acometida una vez más por Enrique. Aunque satisfecho son sus Estrellas de Fuego, su espíritu picassiano le obligó a realizar una segunda versión. Este nuevo conjunto, mucho más personal, aprovecha lo aprendido en su trabajo anterior para reinventarlo. El material escogido en esta ocasión ha sido el cristal. A modo de espejo, apuntan al resto de estrellas reproduciéndolas y creando un efecto lumínico realmente asombroso. El reflejo de las luces blancas las transformaba en pequeños destellos o chispas doradas con tímidos matices rojo y azul. Luz que, precisamente aquí, otra Estrella de Morente, nacida en las Gabias en 1980, aprovechó para hacer con ellas una auténtica constelación.

Et voilá! eh aquí mí nocturnal, sus noches, navegando entre primavera y verano. Oscura y luminosa a la vez, solo apta para almas inquietas que en ella encuentren su propio reflejo. Y aunque no tenga derecho a apropiarme su creación, Santo Domingo la he llamado.

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