La muchacha más bonita de calle Larios

14 septiembre 2010

Sin merecerlo, dieciséis años vividos en el mismísimo infierno. Así los pasó Carmela como otros tantos muchachos de su edad en la España de 1938. El ruido de los aparatos y el estruendo ensordecedor de las bombas apenas daban descanso a la ciudad donde vivía. Solo a veces la destrucción se convertía en paraíso celestial, o eso debían pensar los castigados habitantes cuando el silencio reinaba entre los escombros de los que un día fueron edificios centenarios. En 1937, tras derramamiento de sangre y lágrimas,  Málaga cambió cruelmente de dueño pero no cesaron el miedo y los disparos que entre muro y cielo inflamaron aún más el odio entre hermanos. Sin embargo, la ciudad descansaba de bombas. Calle Larios se convertía en un escenario donde se relataban los últimos sucesos de la ciudad, un punto de encuentro para aquellos que buscaban noticias sobre el transcurso de la guerra más allá del noticiero, y para otros una vía de escape a tanta calamidad.

En esta situación Carmela y su amiga salían corriendo algunas tardes desde el Perchel a la céntrica calle en lo que para ellas era toda una aventura. Buscaban cambiar de aires, aunque este se encontraba viciado por todos los rincones. Allí, la compañera se cruzó con un conocido al que llamaban cariñosamente Pacuchi quien a su vez se acompañaba de un muchacho paleño, trabajador del cuartel de los Gurripatos.  Carmela se percató rápidamente de que esa no sería una tarde bélica más en que sus retinas tendrían que grabar cuerpos sin vida tras algún cruce. El joven Antonio se había quedado prendado y sus ojos no pudieron callarlo. Tras saludarla con un miedo que casi superaba al que sentía por la contienda, se aventuró a expresar tanta admiración.  –“Es usted la muchacha más bonita de calle Larios”-  La perchelera, por supuesto, no se pudo resistir. Aunque la realidad apenas dejase tiempo para soñar, esa noche Carmelilla no pudo dormir pensando en aquel apuesto mozo que Eros le había puesto por delante. Años después los jóvenes se casarían plenamente enamorados, haciendo su unión llevadera las duras décadas que al país le esperaba vivir.

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Una respuesta to “La muchacha más bonita de calle Larios”

  1. Alejandría in Person said

    Un relato precioso!

    Me gusta

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