Bosque Urbano Málaga

1 junio 2020

“(…) Todas las personas tienen derecho a vivir en un medio ambiente equilibrado, sostenible y saludable, así como a disfrutar de los recursos naturales, del entorno y el paisaje en condiciones de igualdad, debiendo hacer un uso responsable del mismo para evitar su deterioro  y conservarlo para generaciones futuras, de acuerdo con lo que determinen las leyes…”

Así reza el artículo número 28 del Estatuto de Autonomía de Andalucía que, en la práctica, pocas veces se cumple.

El desarrollo económico de Málaga en los años sesenta y setenta trajo consigo un importante aumento poblacional. La ciudad, para satisfacer la fuerte demanda, se vio obligada a crecer hacia  el oeste sobre huertas y antiguos terrenos industriales. Pero, sin un plan urbanístico que lo controlase, grandes bloques se alzaron sin orden configurando barrios sin zonas de esparcimiento ni equipamiento social. Nacieron así Carretera de Cádiz o Cruz de Humilladero, los dos distritos más densamente poblados de Europa, con 200.000 habitantes de los algo más de 600.000 que tiene la ciudad.

A pesar de las mejoras que se realizaron con el tiempo, actualmente siguen sufriendo importantes carencias al respecto. Esto, unido al elevado precio del suelo en nuestra urbe, sigue siendo objeto de especulación a costa del patrimonio, el bienestar social y la salud.

Si nos detenemos en este último punto, nuestra urbe ha suspendido en repetidas ocasiones. En Junio de 2018, Ecologistas en Acción publicaba un informe coordinado por Miguel Ángel Ceballos, que asegura que el tráfico provoca que los indicadores lleguen al límite legal de dióxido de nitrógeno; peor incluso que en años anteriores. Cuatro meses después, el Observatorio de Sostenibilidad, órgano independiente formado por investigadores de diversos campos, analizó las cincuenta y dos capitales españolas con distintos indicadores. En el plano ambiental, Málaga suspendía de nuevo ocupando el puesto treinta y uno, solo por encima de Barcelona en el puesto de las ciudades más pobladas.

A este problema se le suma una causa importante: la escasez de zonas verdes, aspecto mejor analizado en Málaga: púrpura y… ¿verde? donde vimos que la recomendación mínima de espacios naturales en la ciudad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), debería comprender entre los 10 y 15m2 por habitante, distribuidos equitativamente para asegurarles el acceso a todos por igual. Sin embargo, la capital apenas sigue contando con 6,33m2 por habitante. La mitad de lo recomendado. 2,42m2 en los distritos que aquí estamos tratando.

Tras las múltiples oportunidades perdidas (La Malagueta, Polígono Alameda, terrenos de la Fábrica Larios, El Bulto, el litoral de poniente, los terrenos de RENFE, Arraijanal…), la construcción de un gran bosque urbano en los antiguos terrenos de Repsol sería la última para dos distritos tan masificados. Pero, para comprenderlo mejor, analicemos el problema desde su origen.

La Historia de un terreno industrial.

Vista de los bidones desde una cafetería del barrio // Fuente: Bosque Urbano Málaga.

Aunque poco conocido, Málaga fue referente nacional en el almacenamiento y distribución de petróleo. En 1933 se instalaron los primeros depósitos de Campsa en los terrenos ocupados hoy día por el parque de Huelin. En la segunda mitad de los años sesenta se instalarían los bidones de la Avenida Juan XXIII. Sobre un terreno obtenido por el Ministerio de Industria, la empresa nacional Calvo Sotelo, germen de la actual Repsol, construyó una planta de almacenamiento. El crudo llegaba al puerto y se almacenaba en estos grandes contenedores desde donde, a través de un oleoducto de 264km, se transportaba a la refinería de Puertollano, Ciudad Real.

Pero la ciudad creció y estas parcelas quedaron rodeadas de viviendas y familias para los que suponía un verdadero peligro. Fue entonces, y tras las numerosas protestas vecinales, cuando comenzaron las negociaciones entre empresa y Ayuntamiento para desmantelarlos. Firmado en 1991, en el año 2000 descargó el último cargamento de crudo en nuestro puerto. Un año después, concluyeron las obras de un nuevo oleoducto que unía Cartagena con Puertollano, desmantelando, al fin, los grandes bidones de la Avenida de Europa.

Todo parecía ponerse al servicio del sentido común incluso años antes del cierre. El Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU) de 1983 pretendía dar un respiro a estos distritos. Contemplaba un gran parque que ocupase todo el terreno y sirviese de filtro natural contra la contaminación del suelo y el aire. Aunque a principios de los noventa ya se pretendía reservar parte de la parcela a viviendas, sería en 2006 cuando el equipo de gobierno del Ayuntamiento decidió recalificar los terrenos, acordando construir con la empresa granadina Comarex:

– Cuatro rascacielos de hasta treinta y cuatro plantas para novecientas treinta y dos viviendas y un hotel.

– Cuatro torres con cuatrocientas VPO, zonas comerciales y equipamiento público.

– Un parque de  70.000m2 que comprendería, proporcionalmente, a 2m2 de zonas verdes por habitantes de dichos distritos; muy inferior a la recomendada por la OMS.

 A cambio, el Consistorio se embolsaría 82,3 millones de euros, cifrándose la inversión total en 573 millones de euros.

A las primeras protestas vecinales se les sumó la crisis económica de 2008. El proyecto urbanístico se difuminaba en el horizonte. La promotora decidió dejarlo en manos de Caixa Galicia, con la que compartía parte de la promoción y que ya había aportado 12 de los 82,3 millones de euros contemplados en el convenio.

Sin embargo, a pesar de las quinientas cinco alegaciones recibidas en urbanismo, el PGOU de 2011 se aprobaba incluyendo entre sus hojas las ya polémicas torres. Al año siguiente, una vez más, el plan encontraba dificultades.  Caixa Galicia también anunciaría la imposibilidad de hacerse cargo de los 70,3 millones de euros restantes. El Ayuntamiento decide entonces que ese abono económico se compensase con suelo, quedándose así la ciudad los derechos urbanísticos de tres de las cuatro torres destinadas a viviendas, los cuatro bloques de VPO y dos zonas de uso terciario.  La otra parte quedó en manos de la Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria (SAREB), también conocida como Banco Malo.

Cuatro años después, ninguno de los dos propietarios habían podido vender su porción del pastel, dificultades que acabarían encendiendo la mecha vecinal. Nacía la plataforma ciudadana Bosque Urbano Málaga.

El nacimiento de Bosque Urbano Málaga.

Durante una jornada de paseo por el entorno del terreno, Ana Ferrer y Francisco Javier López  tuvieron la idea de recoger firmas mediante la plataforma Change.org para demandar un bosque mediterráneo en este amplio descampado. En tan solo un mes, veinte mil firmas les sorprendieron y dieron paso a las primeras reuniones vecinales de las que, el 23 de enero de 2016, surgió la constitución de la plataforma ciudadana Bosque Urbano Málaga (BUM).

Rápidamente, una treintena de plataformas y asociaciones se adhirieron al proyecto que definieron como una gran masa forestal con especies vegetales autóctonas que cubriesen los 177.548m2 de la parcela. Pretendían que la presencia arquitectónica fuese mínima, la imprescindible para el disfrute ciudadano (bancos, fuentes, papeleras, iluminación…) y realizada con materiales ecológicos que se mimetizasen con el entorno (Madera y piedra). Reservarían espacio que propiciase el disfruto ciudadano, como por ejemplo, huertos urbanos, y excavarían un gran lago natural que ampliaría la biodiversidad. Para ello se crearon tres comisiones, acción, protección y comunicación, que comenzaron a trabajar campañas de difusión como charlas, plantaciones de árboles, limpiezas de la parcela o marchas ciclistas que a día de hoy continúan realizándose.

El revuelo mediático de este movimiento hizo reaccionar a todos los partidos políticos de la ciudad que convirtieron sus propios proyectos en bandera y pilar de sus  programas electorales durante las siguientes elecciones municipales:

-El Partido Popular (PP) defendía su propia reforma urbanística donde se edificaría la zona con varias torres de viviendas, uso hotelero y comercial, además de un parque de 70.000m2 que anteriormente explicamos con más detalle.

-Ciudadanos (Cs), en un punto intermedio, proponía la urbanización de la zona correspondiente a la SAREB con una gran torre que financiase el proyecto de un parque de 124.000m2 en la parcela perteneciente al Ayuntamiento.

-El Partido Socialista Obreo Español (PSOE) se posicionaba a favor de un parque urbano que ocupase todo el terreno pero al estilo del resto de parques de la ciudad.

-Izquierda Unida – Málaga para la Gente (IU) apoyaba el proyecto de la plataforma ciudadana de crear un bosque con especies autóctonas del mediterráneo.

-Málaga Ahora apoyaba igualmente el proyecto vecinal.

Con todas las piezas sobre el tablero, comenzaba una batalla política que se ha dilatado hasta el presente.

Una consulta popular.

Apenas cinco días después de constituirse la plataforma, el debate se trasladaría al pleno. Málaga Ahora presentaba la primera de las hasta tres mociones para celebrar una consulta popular con carácter vinculante con la que los malagueños decidiésemos el futuro de los antiguos terrenos.

1ª Moción: Aprobada por todos, se iniciaron los trámites para establecer una mesa de trabajo que acordase como debía realizarse la misma. Esta, además de recoger las tres propuestas, pretendía que pudiesen votar todos los ciudadanos a partir de los 16 años durante un plazo de 10 días, vía online o en las oficinas de las Juntas de Distrito. Incluso se llegaron a acordar los plazos a seguir. En mayo se definirían las tres propuestas; en Junio se dejarían en manos del Colegio de Arquitectos y otros profesionales para analizar su viabilidad; en Julio se acordaría la metodología y cuestionario de la consulta; en septiembre todo este trabajo pasaría a pleno para, una vez aprobado, difundir e informar en octubre a la población sobre la consulta que finalmente se celebraría en noviembre.

Sin embargo en mayo la consulta ya parecía diluirse. El PP declaró que su realización  podría no ser legal después de que el Secretario General del Ayuntamiento advirtiera que la Ley Reguladora de Bases del Régimen Local  indicaba que podrán someterse a consulta popular “aquellos asuntos de la competencia propia municipal y de carácter local que sean de especial relevancia para los intereses de los vecinos, con excepción de los relativos  a la hacienda local” y, por tanto, debían esperar al informe del Interventor municipal (Cuerpo Nacional de Administración Local en el que la ley de reforma local de 2013, como última referencia administrativa, ha depositado la competencia pública de verificar la conformidad a la ley de las actuaciones municipales).

Además, según palabras de Francisco Pomares, Concejal de Ordenación del Territorio y Vivienda, consideraban que una decisión tan importante y que supondría una inversión de 225 millones de euros y 3.000 empleos no podía ser tomada por, según ellos, una minoría poblacional, aunque, como vimos, podrían haber votado todos los ciudadanos desde los 16 años.

Con ambas excusas, PP y Cs se reunieron para llegar a un acuerdo sobre los terrenos alegando a la necesidad de una revitalización urbanística, social y económica; como si el proyecto del bosque no lo supusiese.

2ª Moción: En Septiembre del mismo año, ante la inactividad política sobre el proyecto, este vuelve a llevarse a pleno por la oposición. El PP y  Cs, una vez más, vuelven a declararlo inviable aludiendo al informe del Interventor que prometían  mostrar en octubre en la reunión para instituir la mesa de la consulta. Aún así, todos los partidos vuelven a votar a favor de realizarla.

Pero a final de mes el PP disolvió definitivamente la mesa de la consulta. Julio Andrade, Concejal de Participación Ciudadana, se acogía a los supuestos informes del Interventor que jamás mostraron al resto de partidos. Lo único que aportaron fueron otros informes de realización propia que justificaban el incumplimiento de lo votado.

Los partidos de izquierda, la plataforma Bosque Urbano Málaga, el Colegio de Geógrafos, Ecologistas en Acción, la Federación de Vecinos de Unidad así como representantes de diferentes asociaciones vecinales se resistieron a creer las causas de esta decisión sin ver antes dicho informe. Por su parte, Alejandro Carballo, Concejal de Cs, criticó la ocultación del mismo, aunque apoyó una vez más la supuesta ilegalidad de la consulta.

3ª Moción: Por todo este sinsentido, la plataforma ciudadana anunciaría movilizaciones. La primera de ellas se convocó el 23 de noviembre de 2016, siendo el motor de arranque de otras concentraciones y marchas ciclistas a favor de su proyecto y en contra de la opacidad y falta de diálogo del equipo de gobierno del Ayuntamiento. Se presentó, por ello, una tercera moción para reactivar la consulta con carácter urgente. Esta vez se vuelve a votar a favor de convocar la mesa de trabajo de la consulta gracias la abstención de Cs. Por primera vez, el PP votaba en contra.

Una parcela contaminada.

A todos estos escoyos se sumaba otro de relevancia: la contaminación del suelo y el agua subterránea. El PGOU indicaba que tras el desmantelamiento de los bidones, el terreno fue limpiado y descontaminado con certificación oficial emitida por Norcontrol y el visto bueno de la Delegación Provincial de la Consejería de Medio Ambiente. Pero, a pesar de ello, también apuntaba a la necesidad previa a cualquier intervención urbanística, que dicha descontaminación debía adecuarse a la legislación vigente y a los nuevos usos propuestos. En caso contrario habría que realizar un nuevo análisis.

Esta exigencia llevó a la SAREB a anunciar en octubre de 2016 que se encargaría del estudio de contaminantes del terreno para los que contrató a la empresa Inerco. En Noviembre de 2017, trasladaban al Ayuntamiento los resultados que indicaban un alto nivel de contaminación. Paralelamente, Málaga Ahora redactaría un informe que así lo confirmaba, llegando a ser amenazados por el Ayuntamiento con ser multados por haber tomado muestras sin permiso. Con estos indicadores en la mano, la peligrosidad por emanación de gases perjudiciales para la salud a la atmósfera hacían ilegal cualquier construcción, y los trabajos de descontaminación eran demasiado costosos. Por el contrario la creación de un parque regeneraría la parcela. El proyecto urbanístico quedaba temporalmente bloqueado y un hilo de esperanza llegaba así para los que luchan por el pulmón verde.

Un nuevo estudio realizado por la empresa Ramboll por encargo del Área de Sostenibilidad  y Medio Ambiente del Ayuntamiento detectó en 2018 unas manchas de hidrocarburo en la superficie de las aguas subterráneas. El Ayuntamiento afirmaba que estas solo afectaban  a la parte norte de la parcela y tras su tratamiento entre Mayo y Junio de 2019, los análisis determinaron que ya no había riesgo por contacto dérmico o ingestión accidental de tierra o aguas subterráneas. Esto nunca convenció a la oposición y, además, puso en duda la seguridad con la que se realizaron las obras de soterramiento del AVE.

Bosque Urbano se aprueba por sorpresa.

A principios de marzo, en medio del proceso de descontaminación, IU presentaba otra moción a favor del Bosque Urbano y la consulta popular. PP y Cs volvían a unirse para votar en contra. Pero poco después, el pleno del 30 de marzo de 2019 daría un vuelco. La ausencia de Juan Cassá, portavoz de Cs, y la salida del partido de Gonzalo Sichard, que se despidió al inicio del pleno, hizo que una nueva moción para aprobar el proyecto de parque forestal en la totalidad del terreno saliese adelante con quince votos a favor y catorce en contra. Junto a este, también se aprobó el aumento de zonas verdes útiles por habitante y la creación de un cinturón verde que rodease la ciudad desde el Peñón del Cuervo hasta Arraijanal.

Pero las elecciones de Mayo volvían a dar la victoria a Francisco de la Torre (PP) quien, haciendo caso omiso a esta última votación y, por tanto, a la propia democracia local, llegaría a un nuevo acuerdo con Cs para urbanizar la parcela. Ambos partidos llevaron en sus programas su propio proyecto. Coincidían al prometer 130.000m2 de zonas verdes, viviendas, equipamiento comercial y empresarial. Algo que quedó ratificado en el acuerdo de gobierno firmado posteriormente por ambos partidos para poder gobernar.

Pero una nueva sorpresa llegaría en enero de 2020. PP presentaba un otro proyecto urbanístico en el que se construiría una amplia zona residencial, oficina, centro comercial y un parque de 65.000m2, aún más pequeño que el primer proyecto presentado por este partido en 2006. Las obras comenzarían en 2021 con un plazo de doce meses y una inversión de 10,1 millones de euros para los edificios; 18 meses y 11,23 millones de euros para un parquin de seiscientas setenta y dos plazas; y 24 meses y una inversión de 8,3 millones de euros para el parque. El único cambio a favor de la plataforma ciudadana sería la utilización de árboles y arbustos mediterráneos y la inclusión de un lago aunque, en este caso, sería artificial.

Nuevo proyecto urbano presentado por el Ayuntamiento a principios de 2020. En blanco, toda la extensión destinada a edificaciones.

Este plan sorprendió a Cs, su socio de gobierno, pues afirmaban que nada de lo expuesto se consensuó con ellos. No tanto a la plataforma Bosque Urbano Málaga, acostumbrados a la opacidad y los plantones de PP y Cs en las numerosas reuniones a las que habían sido invitados. En todos estos años tan solo consiguieron reunirse con el Alcalde en una ocasión (enero de 2019), y para ello tuvieron que recurrir al Defensor del Pueblo. Los  vecinos afirmaban que este nuevo plan empeoraría, aún más, problemas de la zona como:

– El colapso del tráfico: Además del plan descrito, hay proyectadas 3.200 viviendas en el Camino de San Rafael, 1.000 en El Duende y 350 en Carril de la Cordobesa; sin olvidar que en un futuro, la zona industrial de calle Bodegueros también sería terreno urbanizable donde, quizás, nadie se opondría a las torres. Por su parte, la avenida planteada sobre las antiguas vías del tren, ni siquiera tendría conexión con la autovía, y sin cumplir los requerimientos mínimos, los permisos de Fomento son prácticamente inviables.

– La contaminación del entorno: Como ya vimos, tras procesos de descontaminación bastante opacos, podría ser un  verdadero peligro para la salud de los vecinos. Pedro Francisco Sánchez, portavoz de Bosque Urbano Málaga, afirma que la Junta de Andalucía “no te pueden dar el estudio de impacto ambiental sin estar toda la parcela descontaminada”.

– La destrucción de comercio tradicional: La construcción de un nuevo centro comercial acabaría destruyendo definitivamente el comercio tradicional de estos barrios, anteriormente afectado por la construcción de otros en su entorno.

– El mínimo legal de zonas verdes: Las nuevas dimensiones del parque que proyectaba, correspondían al mínimo legal exigido por metros cuadrados construidos y se alejaba considerablemente de las recomendaciones de la OMS. Por tanto, no solucionaría los problemas ambientales del oeste de Málaga.

La crisis del Covid-19.

La llegada del SARS-CoV-2, como es lógico, ha detenido temporalmente todo este proceso y ha dejado en evidencia la necesidad de crear grandes espacios verdes urbanos que minimicen el avance del cambio climático y, en consecuencia, la aparición de nuevas enfermedades contagiosas.

En este sentido, expertos como Fernando Valladares, biólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), anuncian que esta pandemia es solo el prólogo de lo que podría estar por llegar, produciéndose a día de hoy muchos más brotes infecciosos que hace treinta años. Todos ellos coinciden en que la degradación de ecosistemas y la globalización ha permitido que estos patógenos viajen con mayor facilidad, velocidad y distancia.

El calentamiento global trae consigo tres vectores potenciales:

-Deshielo: Provoca la liberación de virus y bacterias desconocidas que han estado congeladas durante milenios.

-Desertificación: El polvo del desierto y la atmósfera contaminada permite la supervivencia y transporte de virus durante más tiempo y a distancias más largas.

– Desaparición de especies: Los humanos y los virus formamos parte de un mismo ecosistema basado en el equilibrio. Si hacemos desaparecer ciertas especies, otras, sin sus depredadores naturales, aumentarán considerablemente su población. Esto, junto a la explotación animal a gran escala, produce el aumento de contagios de animales a humanos (zoonosis), pues virus y bacterias no afectan a todas las especies por igual. Si las más resistentes a los patógenos desaparecen, se rompe ese equilibrio que los mantenía a raya.

Este proceso afecta especialmente a la ciudad, tal y como pudo comprobarse con el inicio de la desescalada. En Málaga, como en otras muchas urbes, se habían construido gigantes sobre cabezas de alfiler. Barrios enteros sin parques, sin apenas plazas y con edificios colmena donde se hacinan personas; impuso como única opción para los primeros paseos las grandes avenidas o el mar. Una localidad masificada donde la gestión urbanística ha dado la espalda  durante décadas al bienestar y a la salud de sus ciudadanos, difícilmente permitía mantener la distancia de seguridad. Y lo peor es que llevamos tanto tiempo viviendo del mismo modo que, al no conocer otro ejemplo, creemos sentirnos cómodos habitando este modelo insalubre. Pero ahora, muchos vecinos han redescubierto esta isla de paz y descongestión que les ofrece Bosque Urbano. Encontraron un lugar donde alejarse del ruido y el estrés sin salir de su barrio.

Según palabras de Valladares, “la naturaleza es la mejor vacuna y nos la hemos cargado”.

Los beneficios de un bosque urbano

Infografía sobre los beneficios de un bosque urbano // Fuente: Bosque Urbano Málaga.

El apoyo de multitud de plataformas ecologistas, personajes públicos, la nominación en 2018 a los premios COAMBA de Medio Ambiente otorgados por el Colegio de Ambientólogos de Andalucía, el Premio Aquí Málaga 2019, o su inclusión en el libro “100 medidas para la conservación de la biodiversidad en entornos urbanos” editado por SEO/Birdlife, son solo algunos ejemplos del reconocimiento que la plataforma está recabando entre expertos de todo el mundo por su trabajo y por los beneficios que este aportaría a la ciudad:

Económicos:

-Incremento de un 20% del valor del inmueble.
-Reducción de un 30% de la demanda de aire acondicionado.
-Disminución del gasto sanitario derivado de ingresos hospitalarios.
-Fomento del empleo verde.
-Creación de una nueva centralidad que actuaría como atractivo turístico y beneficiaría a los comercios del entorno.

Sociales:

-Incremento de la accesibilidad a zonas verdes mayores de 0,5 hectáreas situadas a menos de 300 metros.
-Punto de encuentro y fomento de relaciones sociales.
-Incremento de la conciencia ecológica de la ciudadanía.

Saludables:

-Filtro de contaminantes urbanos. Los árboles absorben gases perjudiciales como el Co2, el óxido de nitrógeno o de azufre producido por los vehículos.
-Reducción de sedentarismo.
-Mejora de la salud física y emocional. Está demostrado que el contacto con la naturaleza es un remedio eficaz contra el estrés.
-Reducción de las consecuencias negativas del terral.
-Reducción del riesgo de futuras pandemias.

Ambientales:

-Reducción de los efectos de las lluvias torrenciales.
-Reducción de la temperatura del aire entre 2ºC y 8 ºC.
-Disminución de la contaminación acústica amortiguada por la vegetación.
-Aumento de zonas verdes por habitante, alcanzando el mínimo recomendado por la OMS.
-Aumento de la biodiversidad urbana.
-Reducción del efecto isla de calor producido por el recalentamiento de los materiales urbanos.

A pesar de ello, el Consistorio sigue ignorando todo lo aportado. Asegura, por un lado, que su proyecto constructivo supondría mucho más beneficioso al crear hasta 3.000 empleos, sin embargo, omite todos los que un centro comercial de la escala propuesta se cobraría del comercio tradicional. Por otro lado, que la obtención de financiación para un parque de tal envergadura dificultaría su materialización. Afirmación que tampoco se sostiene. La mano de obra vecinal y programas nacionales o europeos como Life + Quick Urban Forest, al que, paradójicamente, pertenece nuestro Ayuntamiento junto a una larga red de ciudades del sur de Europa, pretenden fomentar precisamente la transformación de terrenos degradados en bosques urbanos, como, por ejemplo, se hizo en Soto de Medinilla, Valladolid, donde este plan financió el 45% del proyecto.

Citando nuevamente a Fernando Valladares, “le ponemos precio a las materias primas de la naturaleza pero no a la capacidad de esta en resguardar nuestra salud en su estado natural”.

#YoQuieroBUM.

No hay mayor regalo que el que nos brinda la naturaleza. Nos permite a todos por igual a disfrutar, aprender, y sanar con tres único requerimiento: tiempo, espacio y respeto.

Los continuos desencuentros políticos y la estrategia de abandonar espacios para dar un aspecto de degradación e influir así en la opinión pública, han dado tiempo a la naturaleza para regenerar la parcela por sí sola. La biodiversidad en la zona ha ido aumentando progresivamente especialmente estos últimos meses donde la ausencia de humanos y las abundantes lluvias primaverales han favorecido el crecimiento de la vegetación, imán para multitud de insectos, reptiles o aves hasta ahora nunca vistas en la ciudad. Palomas, tórtolas, mirlos, lavanderas, jilgueros, verderones, colirrojos, abubillas, garzas, aviones, vencejos, golondrinas, cogujadas, cernícalos… Todo un catálogo de especies en libertad que nos van devolviendo el ecosistema que un día nosotros mismos destruimos.

Ante las falsedades y procedimientos opacos utilizados por la administración, así como los claros y múltiples beneficios que tendría para Málaga, desde C/ Salitre nº 24, por salud, dignidad y justicia,  apoyo plenamente a la plataforma ciudadana Bosque Urbano Málaga. Aunque nos pongan piedras en el camino, estamos convencidos de que lo vamos a conseguir. ¡Claro que lo vamos a conseguir!


-. Bibliografía:

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